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Politica y Sociedad Espacio dedicado a la informaci n y discusi n de todo lo relacionado con nuestro pa s, departamento y ciudad, pero tambi n de todo aquello que ocurre en el mundo. Noticias, fen menos sociales y datos hist ricos tienen su sitio aqu . Todas las opiniones se aceptan siempre y cuando se hagan respetando a los dem s y sin insultos. Los resultados: comercio en picada, cero confianza y guerrilla en la frontera.

En la madrugada del jueves, Caracol Radio despert a sus oyentes con la informaci n de que el gobierno del presidente lvaro Uribe exhibir a pruebas irrefutables de la presencia de comandantes de las Farc y el ELN en territorio venezolano. La noticia dej a m s de uno fr o. No tanto por su contenido es vox p puli que varios jefes de la guerrilla se pasean como Pedro por su casa en Venezuela sino por el momento escogido para hacer p blica la evidencia.

El d a anterior, el presidente Hugo Ch vez hab a autorizado una reuni n entre su ministro de Relaciones Exteriores, Nicol s Maduro, y la canciller designada Mar a ngela Holgu n. Crec a la expectativa de que Ch vez asistir a a la posesi n de Juan Manuel Santos, otrora su m s f rreo cr tico. Y Holgu n hab a reiterado que su prioridad era lograr la normalizaci n de las relaciones con los vecinos.

No hay que ser un experto en asuntos internacionales para anticipar que la denuncia colombiana contra el gobierno venezolano iba a alborotar el avispero y desencadenar a una reacci n a todo volumen del r gimen chavista. Hab a ocurrido en el pasado una y otra vez. Como un marido infiel, no hay nada que indigne m s a Ch vez que lo acusen de ser colaborador de la guerrilla. Menos de 24 horas despu s de la rueda de prensa del ministro de Defensa Gabriel Silva en la que se detall la localizaci n de los jefes de las Farc Iv n M rquez, Rodrigo Granda, Timochenko y Grannobles, ya Venezuela hab a llamado a consultas a su embajador y Ch vez hab a insultado a Uribe, a quien describi nuevamente como un “mafioso”.

Uribe, mientras tanto, convoc una cumbre con la c pula de las Fuerzas Armadas y sus ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, para estudiar la reacci n venezolana y preparar la respuesta. Esta fue le da a las cinco de la tarde por el secretario de prensa, C sar Mauricio Vel squez. En una carta a la OEA, el gobierno pidi la convocatoria urgente de una “sesi n extraordinaria del Consejo Permanente para examinar la presencia de terroristas colombianos en territorio venezolano”.

En un dos por tres, los planes del presidente electo Santos de arrancar su mandato con aguas calmadas en el vecindario quedaron relegados al cuarto de San Alejo de las buenas intenciones. Su gira de amistad por la regi n, que arranca el 21 en M xico, adquiere un trasfondo muy diferente, en el que la seguridad y no el comercio y la inversi n dominar el cubrimiento medi tico.

Aunque llevar el tema de las Farc y Venezuela a instancias internacionales genera aplausos en muchos sectores de opini n, no es ni el momento en tres semanas hay cambio de gobierno en Colombia ni la manera de hacerlo. El presidente Uribe es hoy lo que los gringos llaman un ‘lame duck’, un mandatario de un gobierno que est de salida. Su capacidad de influencia es m nima; sus contrapartes latinoamericanos est n interesados en ganar puntos con el sucesor m s que con l. M s a n cuando sienten que Santos y Holgu n representan el regreso de la habitual diplomacia colombiana que prefiere el di logo a la confrontaci n.

Si en abril de 2008 los gobiernos de la regi n no apoyaron a Colombia despu s del ataque al campamento de Ra l Reyes y la divulgaci n de los correos y documentos que compromet an al gobierno de Ch vez, menos lo har n ahora. Ellos est n acostumbrados a escuchar las leg timas denuncias colombianas e ignorarlas. Igual pasa con los rifirrafes entre los dos mandatarios. Prefieren la diplomacia de “apariencia y meliflua” que los embates histri nicos, como cuando Uribe le exigi a Ch vez que fuera “un var n”.

A la OEA, por tradici n, no le gusta inmiscuirse en problemas entre dos de sus miembros; su filosof a es el consenso y no la pelea. Al pedir la sesi n del Consejo Permanente para que revise el tema de los guerrilleros colombianos en territorio venezolano, Uribe expone al pa s al riesgo de una humillaci n diplom tica. Porque mientras Venezuela tiene garantizada la defensa p blica de sus amigos del Alba Bolivia, Nicaragua y tal vez Ecuador , Colombia solo puede contar con Estados Unidos, como siempre ha ocurrido en la era Uribe y que es precisamente lo que quiere cambiar Santos.

Tanto Ch vez como Maduro buscaron resaltar la diferencia frente a Uribe y Santos. Incluso, aprovechando el papayazo, han acusado al Presidente colombiano de conspirar contra su ex ministro de Defensa, la vieja t ctica de divide y vencer s.

En la reuni n del jueves de los directores de los medios colombianos con el ministro de Defensa, este explic por qu el Presidente quiso revivir el tema de las Farc en Venezuela. Seg n Silva, Uribe quer a que quedara claro que el deterioro de las relaciones con el vecino pa s se deb a a la falta de compromiso de Ch vez en la lucha contra el terrorismo. Ya en d as pasados el canciller Jaime Berm dez hab a advertido lo mismo. En la l gica actual del gobierno, no es posible mantener relaciones normales con un pa s que permite la presencia de guerrilleros en su territorio.

Parad jicamente, de 2002 a 2007 esa fue la pol tica de Uribe. Se aguant la piedra y con excepci n de la crisis por la captura de Granda en Caracas las relaciones entre Colombia y Venezuela fueron inmejorables para los negocios. Las exportaciones colombianas pasaron de 1.100 millones de d lares en 2002 a 6.000 millones en 2008. Se firmaron todo tipo de acuerdos de integraci n. Hasta Pdvsa construy un gasoducto en La Guajira y Colombia se convirti en exportador de gas a Venezuela.

La labor mediadora de Ch vez por el intercambio humanitario y las revelaciones del computador de Ra l Reyes generaron un cambio en la relaci n entre los dos gobernantes. Cada uno se polariz y encontr razones para incrementar su animadversi n frente al otro. El resultado fue un colapso en el comercio entre los pa ses; las exportaciones a mayo de 2010 apenas sumaron 650 millones de d lares. Y la guerrilla, como lo se al la misma Casa de Nari o, sigue all , refugi ndose del otro lado de la frontera.
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