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UNA NOCHE DE MEDIADOS DE FEBRERO DE este ao, miembros del Bloque de Búsqueda montaron un operativo en el edificio La Loma, localizado en la avenida novena norte con calle 21 en la ciudad de Cali. Los oficiales que llegaron al lugar al frente del piquete de uniformados tenían información de que en uno de los apartamentos del edificio, estaba programada una importante cita.

Para los hombres del Bloque no había la menor duda de que la reunión tendría lugar. Desde hacía tres meses, el grupo de inteligencia le seguía los pasos a una de las dos personas que iba a asistir al encuentro. Para las autoridades había sido una tarea dispendiosa por cuanto la persona había tomado todas las precauciones para evitar que sus llamadas telefónicas fueran interceptadas. Cada 24 horas sus números telefónicos eran cambiados. Sus conversaciones eran cortas y la mayoría de ellas en clave. Sin embargo, el persistente trabajo de los investigadores por fin daba resultados. Una de las llamadas fue interceptada y las autoridades lograron establecer que esa noche el personaje que venían siguiendo, Miguel Rodríguez Orejuela sealado por autoridades colombianas y norteamericanas como uno de los jefes del cartel de Cali , se encontraría con Marta Lucía Echeverry, ex reina nacional de la belleza y su compaera durante los últimos 12 aos, y pasaría con ella la noche.

“Los hombres creyeron que eso les daría tiempo y que para evitar despertar las sospechas de la seguridad de Rodríguez, llegarían tarde al lugar”, le dijo a SEMANA una fuente de los organismos de seguridad. Lo hicieron hacia medianoche, pero cuando entraron al apartamento se llevaron una gran sorpresa: no había nadie. Buscaron por todas partes, pero no encontraron nada diferente a un lujoso apartamento. Rodríguez había llegado al edificio hacia las ocho y media de la noche. Minutos después lo había hecho Marta Lucía. Pero el encuentro había sido corto y no permitió preparar el operativo. Permanecieron menos de media hora, al final de la cual salieron del edificio cada uno por su lado.

Los oficiales a cargo del operativo dieron la orden al grupo de inteligencia de regresar a su trabajo con el fin de tratar de encontrar una explicación a lo ocurrido. No pasó mucho tiempo antes de que las cosas se aclararan. El rastreo telefónico que venía haciendo el Bloque desde hacía más de tres meses a Marta Lucía Echeverry, les dio la clave. Una tarde pocos días después del fracasado operativo, el teléfono de su apartamento ubicado en la calle octava oeste No. 24C 75, en el edificio Santa Bárbara, repicó en varias oportunidades. Los agentes de seguridad escucharon que la ex reina le contaba a una amiga lo sucedido días atrás: al encontrarse en el apartamento del edificio La Loma para pasar la noche con Miguel Rodríguez, había estallado entre ellos una aguda discusión que los llevó a separarse media hora después. Lo que ella nunca supo fue que esa pelea de pareja había sido la causa del fracaso del operativo que tenía preparado esa noche de febrero el Bloque de Búsqueda en Cali para capturar a su novio.

LAS VACAS FLACAS

El nombre de Marta Lucía Echeverry no es desconocido para los colombianos. En 1974 representó al Valle del Cauca en el Reinado Nacional de la Belleza donde logró la corona (ver recuadro). Esta mujer nacida en Cartago, Valle, en 1956, llegó a la vida de Miguel Rodríguez Orejuela a comienzos de 1980 cuando se separó de Juan Fernando Ulloa Cabal, un prestigioso empresario de Cali con quien estuvo casada cerca de tres aos.

Su separación le trajo muchos problemas económicos. “Ella vivía como una reina, pero cuando dejó a Ulloa, lo perdió todo, pues en el proceso de separación no pudo conservar ni siquiera sus joyas”, le contó a SEMANA una de las personas más allegadas a Marta Lucía Echeverry, quien condicionó su diálogo con la revista a que se mantuviera su nombre en reserva. Durante el ao que siguió a su separación vivió en Palmira junto con su madre y sus dos hermanos, quienes fueron su soporte en esa época de vacas flacas. Pero las cosas comenzaron a cambiar a principios de los 80. Una amiga le comentó que existía la posibilidad de un puesto en una revista deportiva donde estaban buscando una persona para manejar las relaciones públicas. Le dijo que ella tenía varios conocidos en esa revista y que podía ayudarla.

Fue así como la ex reina entró a trabajar a la publicación mensual del Club Deportivo América de Cali, una revista dedicada exclusivamente a destacar las actividades de ese afamado equipo de fútbol. “Cuando ella entró a trabajar era una muchacha humilde que tenía muchas necesidades económicas y vio en ese puesto la oportunidad de salir adelante”, recordó una vieja amistad de la ex reina de belleza.

A pesar de que no había tenido en su vida mayores experiencias de trabajo, Marta Lucía contaba con algunas herramientas para enfrentar el nuevo reto que su vida le ofrecía. Había estudiado administración de empresas en la Universidad Santiago de Cali, tenía la experiencia adquirida en el reinado de Cartagena y la aún más significativa de su participación en el concurso de Miss Universo, donde obtuvo el premio a la candidata más fotogénica. No era pues para ella del todo extrao el mundo de las relaciones públicas. Durante el ao en que ció la corona nacional, conoció y trató a mucha gente.

AMOR Y AMISTAD

A los pocos meses de haber ingresado a la nómina de la revista del América, Marta Lucía tuvo la oportunidad de conocer a Miguel Rodríguez Orejuela. El encuentro se dio durante una reunión social en las instalaciones de la revista. Los agasajos a jugadores y directivos del Club y a los empleados de la revista eran muy comunes en aquellos días, y solían contar con la presencia de Miguel Rodríguez, principal accionista del equipo desde hacía algunos aos, y, en ocasiones, de su hermano Gilberto.

Desde el día en que se conocieron, entre Marta Lucía y Miguel Rodríguez hubo empatía. Se hicieron amigos y comenzaron a ser vistos juntos en restaurantes y actos sociales, en tiempos en que los Rodríguez Orejuela no habían sido sealados, ni siquiera por las autoridades norteamericanas, como sospechosos de actividades de narcotráfico.

Los regalos y las invitaciones no se hicieron esperar y al poco tiempo iniciaron una relación amorosa. Por aquella época Rodríguez ya se había separado de su esposa Amparo Arbeláez. El se enamoró perdidamente de la belleza y la sensibilidad de Marta Lucía, y a la vuelta de unos meses los dos se fueron a vivir a una casa en el barrio San Fernando, que para entonces era el sector más exclusivo de Cali. “Tenían una casa inmensa donde casi todos los fines de semana realizaban grandes fiestas con los amigos más cercanos. Ella siempre se encargaba de todo: de las invitaciones, la comida, el trago y las orquestas que amenizaban las reuniones”,
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agregó a SEMANA un empresario caleo que conoció a la pareja en aquellos días.

Fue una época dorada. Marta Lucía y su familia dejaron atrás los tiempos de apretarse el cinturón. De las incomodidades de su infancia y las estrecheces del período que siguió a su separación, la ex reina pasó a vivir en un pequeo palacio que ella misma se encargó de decorar con obras de arte y hermosas piezas de porcelana, las mismas que muy pronto se convirtieron en uno de sus principales hobbys .

En el barrio San Fernando vivieron durante un par de aos. Con el crecimiento de Cali y la construcción de barrios exclusivos en zonas menos céntricas de la ciudad, la ex reina y Rodríguez cambiaron de domicilio. Se fueron a vivir a Ciudad Jardín, uno de los sectores más elegantes de la ciudad, donde las casas son auténticas quintas rodeadas de amplios jardines y hermosa vegetación.

A este lujoso sector comenzaron a mudarse de tiempo atrás algunos personajes que habían acumulado en pocos aos grandes fortunas y a quienes las autoridades ya empezaban a identificar como miembros del entonces recién bautizado cartel de Cali. Varios de ellos intentaron convertirse en socios del Club Colombia, uno de los más exclusivos de Cali, pero fueron rechazados por las juntas directivas. Uno de ellos hizo leyenda en la capital del Valle, porque tras el rechazo optó por construir una gigantesca casa, que algunos calificaron como réplica del elegante club. A poco más de tres cuadras de esa mansión, Marta Lucía y Rodríguez tenían su residencia. Con el paso de los aos y en especial cuando se desató la guerra entre las organizaciones de narcotraficantes de Cali y Medellín, la casa pasó a ser un bunker.

A la lujosa mansión de Marta Lucía y Rodríguez sólo se accedía a través de una escalera empinada que tenía cerca de 60 escalones. En la parte superior, en unos espacios muy amplios, había una piscina de medidas semiolímpicas. A pocos metros de allí estaba el despacho privado de Miguel Rodríguez y a su lado una enorme sala adornada con una finísima colección de porcelana.

“Todo este toque de distinción era producto de la mano de Marta Lucía, quien al poco tiempo de vivir con Rodríguez se convirtió en su relacionista pública personaL Ella era quien atendía a los invitados especiales y se encargaba de organizar las más íntimas reuniones sociales”, contó a SEMANA una de las fuentes entrevistadas. Cumplía con eficiencia y discreción su cargo de relacionista. Nunca hablaba más de la cuenta y cuando Rodríguez tenía reuniones de trabajo, ella sabía guardar prudente distancia.

A pesar de que desde que se convirtió en la mujer de Rodríguez su agenda se volvió más agitada, Marta Lucía no abandonó su trabajo en la revista del América. Pero eso sí, fue ascendida: de relacionista pasó a ser gerente. Su vida social fue más intensa que nunca. Como buena aficionada al deporte y a los espectáculos, estaba en primera fila en cuanto evento de este tipo se realizaba en Cali. Cuando se inauguró el hipódromo del Valle, ella estaba junto a Miguel Rodríguez en la mesa presidencial. “Desde hace varios aos se sienta en una barrera del tendido de sombra en la plaza de toros de Caaveralejo, en la feria taurina de Cali que se realiza a finales de cada ao”, contó a SEMANA un cronista taurino. Pero su afición por los toros no se limita a ir a la plaza. Es considerada como una de las mejores anfitrionas en los remates de corrida que organiza durante la feria en los más exclusivos hoteles de la capital del Valle.

Pero la actividad social de la ex reina comenzó a mermar cuando a finales de los 80 quedó embarazada y nueve meses más tarde dio a luz a una pequea que bautizaron con el nombre de Diana Andrea. En torno del nacimiento de la hija de Miguel Rodríguez y Marta Lucía se ha tejido una leyenda. En Cali se dice que Rodríguez alquiló uno de los pisos de la clínica donde ella dio a luz. Y que el médico que la atendió triplicó sus honorarios con el argumento de que estaba atendiendo a una paciente muy especial. “Los hermanos Rodríguez perfeccionaron sus sistemas de seguridad y compartimentaron desde entonces a sus grupos de escoltas, a tal grado que los de Gilberto no conocían a los de Miguel y viseversa”, le explicó a SEMANA un oficial que ha participado de cerca en las labores de seguimiento de los dos hermanos. Similares medidas fueron adoptadas para proteger a sus familiares, que se vieron obligados a vivir con limitaciones en sus desplazamientos y a viajar al exterior especialmente a las islas del Caribe, Europa y Argentina con mayor frecuencia que en el pasado.

Con la muerte de Pablo Escobar en diciembre del 93 y con la decisión de las autorirdades de enfilar a partir de entonces las baterías hacia Cali, los sistemas de seguridad del cartel fueron reforzados. Esa nueva situación llevó a que por primera vez Marta Lucía Echeverry y Miguel Rodríguez dejaran de vivir juntos y sus encuentros se volvieran clandestinos. Según informes de inteligencia conocidos por SEMANA, la pareja tenía cuatro lugares para sus reuniones. Estas eran cada vez menos frecuentes porque la gente del Bloque les pisaba cada vez más los talones.

Los cuatro lugares de encuentro, tres apartamentos y una finca, fueron ubicados por las autoridades y con esa información se programó una serie de allanamientos en busca de Miguel Rodríguez y de información sobre la organización del cartel. Fue así como la Policía, el Ejército y la Fiscalía ocuparon en varias oportunidades los apartamentos y las fincas donde presumían que estaban reunidos Marta Lucía y Miguel Rodríguez.

Uno de los primeros inmuebles allanados por el Bloque de Búsqueda fue la hacienda Villa Carolina, ubicada en el kilómetro 26 de la vía que conduce de Cali a Buenaventura. También en varias oportunidades las autoridades ingresaron al apartamento del piso 15 ubicado en el edificio Santa Bárbara en la calle octava oeste No. 24C 75 de Cali. Igualmente, los agentes del Bloque llegaron al apartamento de La Loma, ubicado en la avenida novena norte con calle 21.

Las autoridades aseguran que, a pesar de sus reiterados fracasos en el intento de capturar a Miguel Rodríguez contra quien la Fiscalía tiene un proceso por narcotráfico pendiente de calificación , han logrado reunir importantes documentos sobre las propiedades de algunas personas vinculadas al cartel, así como sobre su estructura de funcionamiento. Los investigadores han seguido la pista a todas las propiedades que figuran a nombre de Marta Lucía Echeverry y de algunos de sus familiares, con el fin de establecer si pueden demostrar que fueron adquiridos como resultado de actividades lícitas o si quienes aparecen como propietarios son en realidad testaferros. Otros papeles han convencido a las autoridades de que tanto la ex reina como sus hermanos y uno de sus primos hacen parte de juntas directivas de algunas empresas cuya posible pertenencia a los Rodríguez es también objeto de indagación por parte de los investigadores.

Todo indica, pues, que los agentes del Estado que persiguen desde hace varios meses a quienes han sido acusados de ser los principales cabecillas del cartel, están convencidos de que estos operativos en contra de sus seres queridos pueden llevarlos poco a poco a descifrar algunas de las piezas que hacen falta para completar el rompecabezas financiero de la organización. Las autoridades también creen que si logran demostrar el nexo entre esas propiedades y los dineros ilícitos producto del narcotráfico, los bienes detectados podrían ser objeto de incautación. Algunos analistas de los cuerpos de seguridad que persiguen a los Rodríguez piensan además que personas como Marta Lucía Echeverry podrían ser acusadas de testaferrato, por aparecer como propietarias de bienes adquiridos con narcodineros.

Sin embargo, todo esto es más complejo de lo que parece y aún es mucha la madeja que es necesario desenredar para poder pensa en avanzar judicialmente en estos campos. La verdad es que según algunos expertos en estos asuntos, incluso si las autoridades llegan a demostrar que las propiedades que aparecen a nombre de la ex reina o de sus familiares fueron regaladas por Miguel Rodríguez, eso no bastaría para configurar el delito de testaferrato ni para demostrar que esos bienes son producto de actividades delictivas.

Algunos oficiales de inteligencia creen incluso que seguir persiguiendo a Marta Lucía Echeverry puede haberse convertido en una perdedera de tiempo. “La verdad dijo uno de ellos a SEMANA es que sus encuentros con su compaero son escasos y planeados de manera muy segura, y en cuanto a la detección de sus propiedades, está demostrado que fuera de saber qué posee, poco o nada podemos avanzar por ese camino en el estudio de la estructura del cartel”.
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