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Politica y Sociedad Espacio dedicado a la informaci n y discusi n de todo lo relacionado con nuestro pa s, departamento y ciudad, pero tambi n de todo aquello que ocurre en el mundo. Noticias, fen menos sociales y datos hist ricos tienen su sitio aqu . Todas las opiniones se aceptan siempre y cuando se hagan respetando a los dem s y sin insultos. Estados Unidos ensaya un nuevo camino para derrotar la Revoluci n Bolivariana: la conformaci n de un movimiento fascista cl sico.

Una semana antes de la victoria electoral de Nicol s Maduro, a prop sito del ataque a artistas comprometidos con la Revoluci n, se al las diferencias entre macartismo y nazi fascismo:

Aquel dec a en esas l neas publicadas en Correo del Orinoco opera desde una relaci n de fuerza favorable al sistema que defiende desde lo alto de una ideolog a totalitaria, en tanto ste aparece como recurso de ltima instancia de un orden social acosado por las masas, a las cuales el capital pretende responder tambi n desde sectores de masas, buscando organizar las capas m s pauperizadas, inarticuladas y carentes de conciencia, acompa adas por franjas de las clases medias .

A partir de all se apuntaba la din mica previsible: en tanto expresi n macartista (la agresi n contra los artistas) tiene una dimensi n limitada. Pero es inexorable su metamorfosis en conductas nazi fascistas crudas y duras, no ya contra artistas, sino contra las masas que impulsan la revoluci n . Eso es lo que ocurri tras la jornada electoral.

A diferencia de no pocos partidarios de la Revoluci n, en el Departamento de Estado midieron correctamente el significado de la victoria revolucionaria en las urnas, respaldada por una movilizaci n de masas de magnitudes y duraci n sin paralelo. Y prepararon de antemano la respuesta: enfrentar aquellas movilizaciones con una reedici n escu lida del fascismo, apuntalado por mercenarios extranjeros y derroche de dinero para arrastrar franjas locales marginalizadas.

Esa l nea de acci n estaba definida de antemano. Pero importa subrayar su car cter de ensayo: por la misma naturaleza de la movilizaci n sin precedentes protagonizada entre el 9 de diciembre y el 11 de abril, por la relaci n de fuerzas entre las clases que sta instaur , el mando contrarrevolucionario descart una ofensiva final tras las elecciones. S lo busc poner sus mercenarios en movimiento y medir la capacidad de respuesta de la Revoluci n. El multifoquismo no es un movimiento fascista, sino un paso en el intento de construirlo. Adem s, cab a la posibilidad de que una conducta errada del gobierno bolivariano detonara hechos de violencia descontrolada, que hubieran sido enderezados hacia la intervenci n extranjera en el conflicto interno.

En cualquier hip tesis, la burgues a ten a un saldo ganancioso: si el gobierno erraba, aqu lla daba un salto en su estrategia intervencionista militar; si no ca a en la trampa, le dejaba un espacio para actuar impunemente hostigando a las fuerzas de la revoluci n sin que stas pudieran emplear su capacidad de contraataque, con todas las derivaciones que esto conlleva en el orden interno.

Es ste el punto actual. Y es aqu donde se plantea el cruce de caminos para saber si el fascismo injertado brota o no en Venezuela; es decir, si la contrarrevoluci n puede o no contar con base social organizada para chocar de frente con la Revoluci n.

Aqu s cuenta el resultado electoral. La intervenci n agresiva y osada del imperialismo en la campa a electoral en ausencia de Ch vez logr , en proporci n mayor a la esperada, desprender sectores de la peque a burgues a y partes desarticuladas de las masas despose das. Explicar ese desplazamiento por errores y falencias de la Revoluci n es como descubrir humedad en la lluvia. A menudo tales actitudes revelan inclinaci n a rechazar la lluvia para no sufrir la humedad. Como sea, el hecho es que esos sectores de la sociedad contin an ahora en disputa, pero en condiciones diferentes. Y constituyen un desaf o tambi n diferente para la Direcci n Pol tico Militar de la Revoluci n.

Todas las figuras prominentes del gobierno y el Partido Socialista Unido de Venezuela, comenzando por Nicol s Maduro, han reiterado que no habr impunidad para los responsables materiales e intelectuales de los nueve muertos, casi un centenar de heridos e inn meros actos de vandalismo. Respaldada esa posici n por la voluntad de las masas chavistas, es indudable que se llevar a la pr ctica y se proceder judicialmente contra Henrique Capriles Radonski, Leopoldo L pez, Carlos Ocariz, Armando Briquet y otros que llamaron a la violencia. Cuando esto se ponga en marcha, en los pr ximos d as, la ultraderecha intentar recrudecer el accionar terrorista. Adem s, en entrevista publicada por El Mundo de Espa a y La Naci n de Argentina Capriles ya adelant su l nea de acci n: cuando termine la auditor a del CNE exigir nuevas elecciones y justificar as la continuidad del accionar terrorista.

El imprescindible juzgamiento y condena de los responsables es s lo un aspecto del problema. El desaf o mayor est en la conducta a aplicar frente a la continuidad de actos violentos encabezados por mercenarios extranjeros y locales. En ese punto reside el ensayo que ahora comienza, tras la primera semana de acciones terroristas: chequear el comportamiento del gobierno y las fuerzas revolucionarias.

Sigue planteada la necesidad de no desbarrancarse por la v a de la respuesta violenta a los comandos de ultraderecha. Al mismo tiempo, es imprescindible impedir la continuidad de asesinatos y destrucci n, dado que esto tendr a un doble efecto: por un lado desmoralizar a e introducir a semillas de divisi n en las filas de la revoluci n; por otro, alentar a el desarrollo de los comandos de ultraderecha y su avance hacia un movimiento fascista en toda la significaci n del concepto, es decir, como fuerza con respaldo de masas en el accionar violento contra las masas. Los llamados a la paz, a la reflexi n, son necesarios pero insuficientes. Hace falta algo m s: capacidad de disuasi n y de autodefensa.

El Estado tiene todos los instrumentos para resguardar bienes y personas amenazadas y, al l mite, arrasar con los comandos ultraderechistas: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y espec ficamente la Milicia Popular. Sin embargo, el verdadero instrumento en esta fase de la confrontaci n es primordialmente de car cter pol tico: el Psuv y su posibilidad de intervenci n multiplicada a trav s de Consejos Comunales y otros organismos de masas.

A contramano de valorables opiniones que desestiman o incluso condenan al Psuv, he defendido la certeza de que en l reside la fuerza que permiti dar continuidad al gobierno y la revoluci n durante la prolongada enfermedad del comandante Hugo Ch vez, articular el Polo Patri tico y ganar las elecciones del 7 octubre, ganar luego la gobernaci n en 20 Estados, sostener la movilizaci n creciente de masas durante cuatro meses y volver a ganar las presidenciales el 14 de abril.

Pero la nueva etapa plantea m s exigencias. Los conceptos fundacionales del Psuv, tanto como la pr ctica desarrollada en su corta existencia,lo habilitan para afrontar este desaf o hist rico. Su dirigencia est llamada a revitalizar la vida interna del Partido m s grande e importante de Am rica Latina, ordenar el debate, informar a la militancia, seguir con criterio cient fico la coyuntura y trazar d a a d a la l nea de acci n. Para esto el Psuv necesita un medio de prensa propio que informe, instruya, eduque y organice. Y asuma el accionar pol tico y de autodefensa imprescindible para cortarle el paso al movimiento fascista impulsado por Washington.

Cabe a la militancia antimperialista en Am rica Latina contrarrestar y vencer la campa a de desinformaci n y calumnias lanzada por la Internacional Parda y los medios de prensa a su servicio. Todos deber amos empe arnos en esta gran batalla de alcance estrat gico”.
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